Sustituir proteínas de origen animal por aquellas de origen vegetal: un impacto ambiental y social positivo

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La Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de su Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, compuesta por los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ofrece a los países y sus sociedades una oportunidad para emprender un nuevo camino con el que mejorar la vida de todos, perseguir la igualdad de oportunidades y proteger el medio ambiente, entre otras metas. A este Pacto Mundial, al que se unieron 193 países, incluido España, en 2015, también se han adherido empresas como Herbalife Nutrition. John Agwunobi, presidente de la multinacional especializada en nutrición y estilo de vida saludable, asegura que la compañía, como miembro signatario, dedica esfuerzos y recursos “a mejorar las comunidades y trabajar por un futuro más sostenible”.

Una de esas acciones, según el directivo, es “tomar la decisión consciente de sustituir parte de nuestro consumo de carne por más productos elaborados con ingredientes de origen vegetal”. El alto consumo de carne vacuna y productos lácteos, especialmente en los países de mayor ingreso, aceleran la crisis climática, ya que son productos que contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el uso del agua, la deforestación y la contaminación.

Repercusiones para el medio ambientePor desgracia, parece que se está yendo en la dirección contraria. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se prevé que la demanda mundial de carne se duplique de aquí a 2050. Y con la previsión de que la población mundial supere los 9.000 millones de habitantes en 2050, se espera que la demanda de raciones diarias de proteínas aumente en un 74%. “Si solo una fracción de esas raciones procediera de fuentes vegetales como la soja, la quinoa o la proteína de guisante, el impacto sería significativo”, explica Agwunobi.

En el caso concreto de la soja, esta proteína contiene los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo no puede producir por sí mismo, lo que la convierte en una de las únicas proteínas vegetales completas disponibles. El cultivo de la soja también es comparativamente eficiente, ya que utiliza menos agua y emite menos carbono, y produce más proteínas por hectárea que la carne de vacuno, los huevos o la leche. Por lo tanto, sustituir incluso una pequeña parte de las proteínas animales por proteínas vegetales cultivadas de forma eficiente puede tener un impacto positivo a largo plazo en el medio ambiente.

Repercusiones para la poblaciónAdemás de las repercusiones positivas para el medio ambiente, la incorporación de ingredientes de origen vegetal en la dieta tiene un impacto positivo en el suministro de alimentos del mundo, ya que hace un mejor uso de los recursos terrestres. Según un estudio de investigación publicado por la Academia Nacional de Ciencias, la sustitución de todos los productos de origen animal por dietas basadas en plantas podría añadir suficientes alimentos a la cadena de suministro para alimentar a 350 millones de personas más, lo que contribuiría en gran medida a apoyar el segundo Objetivo Sostenible de la ONU: hambre cero.

“Cambiar de dieta y crear nuevos hábitos no siempre es fácil, debido a las desigualdades de acceso. Además, aún queda mucho que descubrir en torno a los efectos de la proteína vegetal en el rendimiento del ejercicio”, puntualiza el directivo; pero lo cierto es que comer menos carne puede reducir el riesgo de obesidad, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, presión arterial alta, colesterol alto y algunos tipos de cáncer. Comer más verduras también proporciona una cantidad útil de carbohidratos que el cuerpo puede quemar durante el ejercicio. “Todas estas razones son un buen motivo para empezar el cambio”.

Impulsar negocios sostenibles Tener un impacto positivo en la sociedad es algo más que hacer del mundo un lugar mejor; también tiene sentido desde el punto de vista empresarial. La gente se ve cada vez más afectada por los problemas sociales críticos, y los inversores y otras partes interesadas observan atentamente cómo los consumidores exigen que las empresas adopten determinada postura. Desde la mejora del medio ambiente hasta la diversidad y la inclusión, los inversores consideran cada vez más cómo las empresas apoyan a las comunidades, la sociedad y el planeta, como parte de su tesis de inversión.

“Debemos dar prioridad a la creación de un mundo mejor, tanto ahora como para las generaciones futuras”, señala Agwunobi, quien recuerda el discurso que António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, pronunció sobre el estado del planeta en 2020 y en el que hacía referencia a la tarea que define el siglo XXI: hacer la paz con la naturaleza. “Debemos dar un pequeño paso para mejorar nuestro mundo y crear un futuro más sostenible”, concluye Agwunobi.

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